lunes, 17 de octubre de 2011

Amarres, hechizos y santos: Mentiras para incautas

Ahí vas. A comprar la nueva revistita que trae en la portada “10 Súper hechizos para atraer a tu hombre”. Te armas de la vela roja, la foto del implicado y pones al San Antonio de cabeza, para reforzar.

Luego te llama Cuquis, tu amigaza del alma, para decirte que su prima Dionisia le llevó un listón rosa a San Charbel y le pidió que le consiguiera novio, uno amarillo para el trabajo y otro más para lo que se ofrezca, y le resultó.

Saturas los correos de tus contactos con cadenas en Power Point, de esas llenas de imágenes de ositos ridículos, que sentencian: “si no envías esto a por lo menos, 55 personas, algo horrible te pasará”. No vaya siendo…

Todas las mañanas, comienzas con tu horóscopo y la galleta de la fortuna. Si te dice cosas que quieres leer, esperas ansiosamente durante el día para que ocurran. Si te dice cosas horribles, te programas para lloriquear, por si te ocurren. Y no pasa nada, en ninguno de los dos casos.

Viene año nuevo y ya están listos los calzones rojo y amarillo, y como quieres ambas cosas, dinero y amor, te los pones encimados para no perderte una. Te sales a las 12 de la noche maleta en mano, a hacer como que te vas de viaje porque te dijeron que si lo haces, seguro viajas el próximo año. Mientras tanto, a Dios pídele trabajo, que al fin y al cabo, el proveerá.

Y tú ¿para cuando ejecutas?  Más allá de la religión que profeses, una cosa es tener fe y otra dejar de hacer modificaciones necesarias en tu vida, para poner en  manos de un milagro lo que te toca hacer a ti.

Los servicios de tarot, limpias, amarres, consultas astrales y demás vaciladas tienen una demanda brutal, y ahí están los incautos, dispuestos a dejar el dinero de la renta para poder generar el tan mentado amarre que hará que el hombre o mujer objeto de su deseo “regrese humillado para nunca irse” y “te ame ciega y desesperadamente”.

Y entonces se les olvida, que el amor es un acto de voluntad, que Dios no va a ponerse a buscarte la chamba en el periódico ni irá a entrevistas de trabajo por ti. Que si quieres encontrar pareja, tienes que salir de tu casa y promoverte como potable, y que el color de los calzones, no cambiará tu realidad al año siguiente.

El asunto es que ser responsable de la propia existencia implica abandonar el pensamiento mágico para tomar las riendas de la vida, entendiendo que cada decisión tomada implica consecuencias (esperadas o no) y que para cambiar lo que te disgusta, solo te tienes a ti.

La vida sin ataduras tipo talismán, es maravillosa por consciente, porque se convierte en el resultado de aquello que fuiste capaz de elegir y accionar. Ni Dios, ni el Diablo, ni la Cábala son responsables de tu existencia. Tú decides qué hacer y cómo usar las herramientas que tienes a la mano.

En la medida en que somos capaces de entender que nuestro papel en el día a día tiene que ser más activo y menos esperanzado, iremos consiguiendo lo que tanto nos urge o iremos aprendiendo a diferenciar necesidades reales de caprichos estúpidos.
Bien harías en dejar de pagarle a la tarotista de la cuadra, para ahorrar la lana y hacer ese viaje que tantas ganas tienes de realizar. Podrías dejar de comprar la revistita idiota y darte una vuelta por una buena librería que seguramente tiene algo delicioso para tu espíritu.

Actualizar tu currículum, exhibir  lo mejor de ti y empezar a poner al tanto al mundo de tus talentos, si puede ayudarte a conseguir empleo (ni modo San Judas, linked in te robó la chamba).

Pero sobre todo, tomar las riendas de tu vida te hará conocer tu verdadero potencial, lejos de marañas mentales que te desgastan y no te permiten crecer. Usa la galleta de la fortuna para reírte, para  trivializar con los amigos, pero no para gobernar tu vida: esa, no viene escrita en ninguna tirada del tarot.



PARE DE SUFRIR DE UNA MALDITA VEZ (o como dejar de sentirse decepcionado de la vida en un par de cuartillas).

Somos así. Deseamos siempre lo que no tenemos, amamos a quien no nos ama y dejamos ir a quien quiere entregarnos el corazón. Nos empeñamos en hacer del tiempo el depositario de nuestra propia responsabilidad emocional: el tiempo lo cura todo, tiempo al tiempo, ya habrá tiempo.

Y el tiempo si es un factor decisivo para casi todo, pero jamás actúa sobre nosotros por si sólo. Simplemente pasa, ejecutes o no. Leo diariamente quejas de muchas personas, particularmente mujeres, que se quejan por estar decepcionadas, por haber dado más de lo que recibieron, por haber sido desilusionadas por alguien que no actuó como esperaban.

Pero ¿por qué la gente debería responder a nuestras necesidades y exigencias? Si das más de lo que recibes, el problema está en tus expectativas al momento de entregar, en tu propia incapacidad para reconocer que a quien le das, tal vez no quiere recibir lo que le das y lo acepta por educación. Hasta el día en que busca la manera, directa o indirecta de hacerte saber que no quiere seguir recibiendo tus generosas dádivas.

Ese día te ofendes, le satanizas, te victimizas y proyectas toda la bronca en el otro, que ya te había demostrado que no quería nada de lo que le dabas, pero tu ego insufrible no te permite ver claramente y reconocer que no te quieren ahí.

Le dices “Te amo”, te responde “Gracias”. Le ofreces estar “siempre”, cuando el otro sólo está disponible “de vez en cuando”. Le mandas tremendo choro conciliador, te responde con un emoticon (si acaso te responde, por cierto). Le prestas una lana, sales en la madrugada a estar a su lado, dejas que llore sobre ti, pero cuando llega el momento de: pedir la lana de vuelta, solicitar auxilio a deshoras y llorar sobre su hombro, no aparece por ningún lado.

Y si te vuelve a llamar, para pedir alguna otra cosa, recuerdas tu noble promesa de estar siempre y vuelves a estar. ¿De quien es la culpa entonces? ¿Por qué nos empeñamos en cerrar los ojos ante realidades tan aplastantes? ¡Y todavía nos damos el lujo de ofendernos después!

Las relaciones, como todo en la vida, se rigen por el principio de prueba y error. Pero a base del ejercicio de prueba y error, vamos adquiriendo más herramientas para detectar un error antes de probar. No es necesario ir enlodándose a cada paso cuando el agua es lo suficientemente turbia como para revelarnos que nada bueno puede haber en pisar ese charco.

No hagas de tu existencia un campo minado de fracasos: aprende a ver. Sube tu autoestima y baja de nivel a tu ego, comprende que podrás ser maravilloso, único e irresistible, pero no para todo el mundo. Que quien ayer te amó, si puede dejar de amarte. Que quien se ama a sí mismo, por mucho que pueda amarte, no permitirá que le lastimes. Y se irá si no sabes reconocer que tener a tu lado a alguien que te ama, es una oportunidad que hay que aprovechar todos los días.

Martirízate un rato, entiende tus errores y levanta la cabeza. No sientas culpa, pero tampoco culpes al otro de todo. Entiende, abre los ojos: la vida es corta. No le des entrada a quien de manera genuina, no te interesa. Habla claro, sobre aviso no hay engaño. Y ve, siempre ve. Si alguien quiere estar contigo, lo hará. Si quiere irse, se va a largar aunque le pongas diez mil trampas en el camino a la puerta de salida. No te desvivas en muestras de afecto por alguien que no quiere recibirlas. ¡Para de sufrir de una buena vez! No te engañes, ni te victimices: lo que hoy sientes es tu propia responsabilidad, la manera en que te conduces depende solo de ti.

Y a aquellos que siempre acuden a tu llamado, te prestan una lana, les prestas y te pagan, te permiten llorar sobre su hombro y te demuestran que para llamarles, la hora es lo de menos, a esos dales más de ti: son los que se lo han  ganado a pulso y que te harán comprender que dar es un acto de amor, rebosante de generosidad, que siempre vale la pena ejecutar, pero solo con las personas correctas.